lunes, 22 de mayo de 2017

"Mala Junta" de Claudia Huaiquimilla


La ópera prima de la joven realizadora Claudia Huaiquimilla es de lo mejor que nos ha dado el cine nacional reciente. Una película consciente de su contexto y el poder del espacio que representa, pero que no se deja seducir por el panfleto, sino que centra su atención en los procesos de dos adolescentes que -de una u otra manera- han sido violentados constantemente a lo largo de su vida. Narrada de una manera eficiente y sencilla, no sin buenas dosis de poesía, la cinta le da espacio al espectador para comprender a estos adoloridos personajes y emocionarse con ellos.

Tano -interpretado brillantemente por Andrew Bargsted- es un chico santiaguino que al inicio de la película es capturado en pleno robo a un servicentro. Desde ese hecho queda pendiente la decisión de la justicia sobre el futuro del joven que, probablemente, terminará siendo institucionalizado en el Sename. Como opción, y en periodo de prueba, Tano es llevado a vivir con su padre (Francisco Pérez-Bannen). Un hombre joven al que apenas conoce y que se fue a vivir a la precordillera de San Jose de la Mariquina, zona mapuche constantemente acosada por las fuerzas policiales. Allí conoce a Cheo (Eliseo Fernández), un adolescente mapuche tímido y retraído, víctima de la burla de sus compañeros.

"Mala Junta" podría instalarse dentro del género que se ha denominado coming of age, cintas que retratan los complejos procesos en que los personajes pasan de la niñez a la adultez. En este caso se trata de dos personajes muy distintos, pero que tienen en común la soledad y la incomprensión respecto del mundo que les rodea.

Tano y su padre tienen una relación intensa y llena de deudas. En una escena el adolescente, envalentonado por el alcohol, le lanza todos los reproches acumulados en su corta vida y el padre asiente silencioso y culpable ante su responsabilidad en la situación del joven. Es ahí cuando la película invita a mirar a este joven delincuente desde otro lugar absolutamente distinto, y comprender que su violencia no es gratuita. Esta actitud displicente y egoísta que no mide los efectos de sus acciones es el resultado de una vida de ausencias y soledades, de golpes y rechazos que le hacen reaccionar desde un “si al mundo no le importo, qué me importa el mundo”.

Y aunque la película no entra en las profundidades del conflicto del estado chileno con el pueblo mapuche, si invita a mirarlo también desde otra perspectiva. Desde esa inquietud constante en que vive una comunidad bajo sospecha, violentada económica y socialmente, que se ve acorralada ante un sistema que pone en riesgo su cosmovisión y modo de vida.

Se nota que la directora habla desde un lugar que conoce y que no ha estado sola en la construcción de esta narración. Además de la colaboración de Pablo Greene en el guión, Claudia Huaiquimilla contó con el apoyo de la comunidad de San Jose de la Mariquina en la realización del filme, esto permite adentrarse a esta historia desde un lugar que no habíamos visto antes en la ficción chilena. Un lugar en donde la otredad queda superada desde la mirada de la misma narración y por el encuentro entre estos dos adolescentes que desde su carencia logran encontrarse.

Hay que ver "Mala Junta" porque su historia es al mismo tiempo universal y muy nuestra. Porque nos ayuda a reconocer que la violencia que vemos en los noticieros es una que hemos ido construyendo como sociedad, en nuestras relaciones familiares y distanciándonos de aquellos que creemos distintos. "Mala Junta" es una película que logra instalar reflexiones profundas desde un lugar profundamente emotivo, que permite conocer a este otro y reconocerse también en él. 

"Mala Junta" está aún en salas, revisa su trailer acá

"India's Daughter" de Leslee Udwin

 Una mujer es violada cada veinte minutos en India, cada 20 segundos en Sudáfrica. Una de cada tres mujeres en el mundo es o ha sido víctima de violencia, una de cada cinco será violada a lo largo de su vida. ¿Cómo son posibles esas cifras? ¿Qué hay en nuestras sociedades que permiten que este tipo de acciones se sucedan todos los días?

"India's Daughter" busca responder a estas preguntas tomando como centro la múltiple violación y asesinato de Jyoti Singh, una joven estudiante de medicina que fue atacada por seis hombres en un autobús que recorría la ciudad de Nueva Delhi. Este crimen fue el detonante para multitudinarias marchas en toda India exigiendo castigo para los culpables y mayor protección para las mujeres.

El documental recoge los testimonios de los padres y amigos de Jyoti y de uno de los acusados -el chofer del bus-, además de políticos y expertos que van explicando como este caso movilizó la conciencia de parte de la sociedad, especialmente de las autoridades y de las mismas mujeres que no denunciaban estos ataques por vergüenza y por el costo social que esto tendría para ellas y sus familias.

Probablemente lo más impactante de “India’s Daughter” sea la exposición del discurso que señala a las mujeres como responsable de la violencia sobre ellas. Las entrevistas con los abogados de los criminales son impresionantes, justificando la brutalidad del delito con el hecho de que la joven se encontrara en el espacio público pasada las veinte horas. La normalización de este tipo de hechos en todos los espacios de la sociedad y la sorpresa de los criminales ante el revuelo de este caso, cuando es algo que pasa todos los días.

El documental pone en evidencia como en India -y también en nuestras sociedades- los violentos son hijos del sentido común social, de la cultura que los sustenta y que para reparar eso se requiere mucho más que penas ejemplares para los que llegan a ser hallados culpables de crímenes que como sociedad hemos creado.

"India's Daughter" se puede ver en Netflix y acá puedes revisar su trailer

"Dukhtar" de de Afia Nathaniel

La joven realizadora pakistani Afia Nathaniel se hizo cargo del guión, la producción y la dirección de
ésta su primera película, que tuvo un exitoso paso por festivales y fue seleccionada para representar a Pakistán en los premios Oscar del 2015.

En Asia Meridional el 46% de las niñas son obligadas a casarse antes de cumplir los 18 años, en África Occidental y Centra la cifra alcanza el 41%. La película “Dukthar” -palabra urdu para “Hija”- se centra en esta realidad, cuando una joven madre huye con su hija de 10 años al enterarse que la pequeña ha sido prometida como esposa para un anciano líder tribal.

La cinta se instala desde la perspectiva de esta mujer en un mundo de hombres, en donde ellas no son consideradas sino como propiedad al servicio de los intereses masculinos, pero lo hace sin sobre enfatizar en el drama global de la sociedad patriarcal, sino acercando al espectador a la realidad de esa madre y esa niña en específico.

La narrativa es clásica y sin muchas sorpresas en términos cinematográficos, pero la cinta esta cuidadosamente filmada, aprovechando los impresionantes paisajes de la zona, contrapone a los personajes a las imponentes montañas y áridos caminos, para enfatizar su soledad y peligro. La realizadora logra contar una historia con dinamismo y eficiencia. Desde el inicio genera espacios para conocer y empatizar con madre e hija creando momentos de profunda ternura e intimidad, los que más serán reemplazados en momentos de persecución y tensión. 

“Dukthar” nos ayuda a acercarnos desde la ficción al lugar que millones de niñas y mujeres viven en el mundo, un lugar en donde el destino propio difícilmente está en sus manos. Puedes ver “Dukthar” en Netflix. Acá su sinopsis 

lunes, 23 de noviembre de 2015

"Chicago Boys" de Carola Fuentes Rafael Valdeavellano

Hay pocas veces en que uno puede denominar una película como imprescindible. Para llegar a eso el filme en cuestión debe tener no sólo una alta calidad técnica y un uso apropiado del lenguaje audiovisual, sino aportar con sus contenidos, de manera significativa, a la mirada que tenemos sobre el mundo que nos rodea. Darnos pistas y dejarnos con muchas preguntas. El documental Chicago Boys cumple con todo eso y más.

“Ellos construyeron el país en que vives” es la frase que ha acompañado la difusión de la película. Y en un momento en que el modelo neoliberal hace crisis por doquier, ayuda mucho poder conocer –o recordar- de dónde viene este sistema,  cómo llegamos hasta acá. Cuáles eran y son los valores de aquellos encargados de transformar Chile en el laboratorio del sistema neoliberal, que para algunos se instala como el gran mérito de la dictadura, pero que la gran mayoría de los chilenos endeudados y precarizados laboralmente, seguimos sufriendo hasta hoy.

Aunque hay quienes han tildado el documental de televisivo -probablemente por la experiencia  laboral de sus creadores y por el apoyo de los fondos del Consejo Nacional de Televisión para su desarrollo-, me parece que los realizadores tienen consciencia de las posibilidades que separan el cine del reportaje televisivo y utilizan esas posibilidades como herramientas para ir armando un discurso más complejo de lo que el formato televisivo permite.

Esto es evidente especialmente en el montaje de la película. Hay una construcción dramática muy eficiente que parte de las anécdotas y simpatías que pueden generar las experiencias de un grupo de jóvenes chilenos estudiando en la prestigiosa Universidad de Chicago en la década de los ’50. Hay sonrisas en los recuerdos y delicioso material audiovisual para acompañar el relato, el que de a poco –y casi imperceptiblemente- se va volviendo cada vez más denso hasta llegar a explicitar la manera en que se pusieron en obra esos conocimientos adquiridos en Estados Unidos, en el Chile bajo dictadura. La visión de estos economistas de las violaciones a los derechos humanos que permitieron estos radicales cambios y su mirada sobre la desigualdad que impera en el Chile actual.

Chicago Boys es valioso como un ejercicio de reconstrucción histórica –el material de archivo que presenta es notable-, pero especialmente como ejercicio testimonial. Son los mismos protagonistas de la historia económica del Chile de los últimos cuarenta años quienes dan cuenta de su visión del pasado y del presente del país, con una conciencia y una desenvoltura realmente impresionante. Ahí los méritos son especialmente de Carola Fuentes como entrevistadora, que mediantes conversaciones largas (de más de dos horas cada vez) logró que este grupo de economistas –varios de ellos ministros de Pinochet- dijeran cosas que no dejan de impresionar.

Es en el montaje también en donde se va construyendo el discurso propio de los realizadores, contraponiendo los testimonios de los personajes con material de archivo y actuales, sin sobre enfatizar. Sin una voz en off que vaya guiando el relato, sino exponiendo las imágenes de manera que sea el propio espectador el que evalúe lo visto desde su propia experiencia. Un Chile que construyo sus méritos económicos sobre la sangre de compatriotas, en donde el PIB es propiedad del 2% de la población y en donde los derechos –como las salud y la educación- se tranzan en el mercado, no se creó sólo. En Chicago Boys hay una valiosa mirada a cómo fue posible el Chile que hoy vivimos y sufrimos.

"No soy Lorena" de Isidora Marras

El primer protagónico en cine de la actriz Loreto Aravena (“Los 80”) llega con una historia de
identidades difusas. Una mujer –Olivia- que constantemente recibe llamadas de cobranza a su teléfono, pero a nombre de otra mujer –Lorena-, que ella no conoce. Olivia es una actriz que está no logrando conformar a su director –quien además su ex – con su interpretación, a pocos días del estreno. Esa mujer tiene, además, una mamá con alzheimer que va y vuelve de sí misma (Paulina García en otro excelente trabajo), y un vecino travesti que se transforma en su único confidente. Así, el mundo que rodea a Olivia, o Lorena, está cruzado por identidades en constante cambio.

Esta es el primer largometraje de Isidora Marras, egresada y ahora docente de la Carrera de Dirección Audiovisual de la Universidad Católica de Chile. Luego de dirigir varios cortometrajes y pasar por el taller documental en La Fémis – la prestigiosa Escuela de imagen y de sonido de París-, pasó con esta película en sus etapas iniciales por la sección Carta Blanca del Festival de Locarno y Work in progress de SANFIC, y ganó el premio Nuestra América primera copia, en el Festival Internacional de Cine de La Habana.

El tema de las cobranzas telefónicas es una experiencia que la misma directora vivió en sus años de universidad, cuando la acosaban telefónicamente cobrándole deudas a nombre de otra persona. Para poder liberarse de esa situación Isidora Marras tuvo que interactuar con el servicio al cliente de multitiendas y empresas de cobranzas, y se dio cuenta de la lógica kafkiana e impersonal que las gobierna. Tomar como punto de partida esa experiencia permitiría adentrarse en un discurso visual que, sin necesariamente caer en la denuncia, puede abrir puertas a reflexionar en los excesos del libremercado y sus consecuencias, puestas en el contexto, además, de las manifestaciones estudiantiles. Pero la película no se va por ahí.

No soy Lorena se mantiene todo el tiempo junto a su protagonista en sus avances y retrocesos. Esta mujer joven que trabaja para su ex y que lidia –o no- con la enfermedad de su madre. Para quien el tema de las cobranzas es una molestia que intenta resolver, pero sin ir a fondo con ella. Y quizás ese es el problema de Olivia y también de la película. No se decide a ir a fondo con nada. Encontramos a la protagonista en un estado de ambigüedad que no cambia a lo largo del metraje, sino que se hace cada vez más confuso llegando –ella y la película- a niveles que incluso la vuelven inverosímil.

Aunque se nota el excelente oficio de Isidora Marras para lo audiovisual, y especialmente para crear escenas de tensión atmosférica, la película no logra funcionar del todo porque se queda en un espacio de indecisión que si bien puede ser inicialmente atractivo no logra resolverse hacia un desarrollo y un final que resulten coherentes. No soy Lorena deja la sensación de ser un buen ejercicio visual y actoral, pero también nos abandona con la frustración de que –con todos los elementos presentes- podría haber sido una excelente película, si hubiese resuelto sus problemas de identidad.

La película está actualmente en cartelera en distintas salas de Chile.

sábado, 24 de octubre de 2015

"Serena" de Susanne Bier

La danesa Susanne Bier es una de las directoras más reconocidas y consistentes del panorama actual. Con películas que no temen adentrarse en la complejidad y oscuridad del alma humana, su cine se mueve en el plano del drama sin concesiones. A partir de su nominación al Oscar en el 2007 con "Después de la Boda", Hollywood comenzó a prestarle atención. Tanto como para adaptar su excelente película "Hermanos" del 2004 a una versión estadounidense, como para en los últimos años producir varios de sus filmes. El más reciente, "Serena"(2014) contó con las super estrellas  Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, justo después del tremendo éxito de ambos en "El lado bueno de las cosas". 
Basada en una exitosa novela de Ron Rash, en "Serena", Cooper y Lawrence son un matrimonio dueños de una maderera que se abre paso en el estado de Carolina en la época posterior a la gran depresión. Ambos son ambiciosos, enfocados y eficientes, y él admira y alienta en ella capacidades que en las mujeres de la época eran más bien reprimidas. El trabajo es exigente y peligroso, además de verse enfrentado con autoridades locales que quieren proteger los bosques de la tala. La potencia de los personajes comienza a entrar en crisis ante los conflictos externos y luego, ante las perdidas personales. 
"Serena" me dejó con sentimientos encontrados, porque aunque esta impecablemente filmada y bien actuada, el desarrollo de los personajes se vuelve demasiado brutal, demasiado rápido. Hacia la segunda parte de la película los demonios internos de la protagonista se desbandan y aunque se entienden los detonantes, cuesta continuar en conexión con la historia. Y claro, también nos frustramos de que un personaje femenino como hemos visto pocos, tenga un final tan descorazonador. Me recordó el destino de las femme fatales del cine negro, castigadas siempre al final de las películas, más que por su maldad, por querer salir del molde designado para las mujeres de su época. 

Puedes ver "Serena" en Netflix o en este link:

"Belle" de Amma Asante

Situada en la Inglaterra de finales del siglo XVIII, "Belle" es una película basada en una particular historia real, la de Dido Belle Murray. Una mujer mulata, hija de los amores entre un capitán de la marina inglesa y una esclava. Al morir la madre, el inglés reconoce a la hija y la deja al cuidado de su tío, quien es nada menos que la cabeza de la justicia británica.  Dido se cría junto a su prima Elizabeth, quien también está al cuidado de su tío, y es a través de estos dos personajes que podemos ver las limitaciones a las que estaban sometidas las mujeres nobles de la época. Ambas vienen de una familia reconocida, pero por un lado Elizabeth es hermosa y sin herencia, y Dido heredó las riquezas de su padre, pero su color le impide presentarse en sociedad según las convenciones de su época. Ambas necesitan un marido, ambas por seguridad. La independencia no es una posibilidad para estas mujeres, aunque se posea belleza, títulos o dinero.
Y aunque la película tiene, para mi gusto, algunas debilidades de guión y un exceso de romanticismo, posee una cuidada dirección de arte, un delicado tratamiento visual y muy buenas actuaciones. Con los tremendo Emily Watson y Tom Wilkinson como los tíos, el resto del elenco se pone a la altura. Se trata, finalmente, de una producción de nivel, elegante y bien intencionada, que puede dar para pensar cuanto hemos avanzado, o no, desde esos tiempos.

Puede encontrar varias opciones para ver "Belle" en este link:
Ver "Belle" (2013)